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Vladimir Velázquez: “Lo que hace falta es querer de veras que se realice la Bienal”

A favor de la dos veces pospuesta competencia del arte dominicano, por distintas razones, el pintor dominicano Vladimir Velázquez apela a que haya “mucha voluntad para que sea el evento cultural y artístico de referencia en el país”. Abogó por que la Bienal de Artes Visuales, en su edición vigésimo novena, finalmente “se celebre, eso es lo primero, pues ya son seis años desde la última edición inaugurada en el 2015”. A favor de la dos veces pospuesta competencia del arte dominicano, por distintas razones, apela a que haya “mucha voluntad para que sea el evento cultural y artístico de referencia en el país”.

Incluso ese acto de la “voluntad consciente”, Velázquez lo coloca por encima de los recursos económicos que haya envueltos “para cualquier tipo de parafernalia de orden propagandístico o de logística para ese evento. Pues lo que hace falta es querer de veras que se realice la Bienal –remachó– y que la misma aspire a lo que debe ser cualquier concurso artístico de envergadura: un reconocimiento a la excelencia en donde lo mejor sea el ganador”. No le faltó decir que se incluyan todas las manifestaciones del arte, sin exclusión de categorías, a diferencia de lo ocurrido en eventos anteriores.

En este Diálogo Abierto, estrenándose de manera especial para Diario Libre, el dibujante cuenta cómo ha afrontado la pandemia desde el año recién pasado, además con un planeta sometido a la degradación en sus recursos naturales, antaño inspiración clásica para la creación artística (“¿y cómo será ese mundo que se pinta sin naturaleza ni belleza ni vida, un lugar yermo y desolado en donde jamás cabrá la esperanza?”).

Vladimir ahonda al reflexionar sobre el arte (“en todo hay posibilidades, pues de los momentos más crudos en la historia, el hombre ha resurgido en su mejor forma debido a su fuerza interior…”), el arrobamiento ante las grandes obras de todos los géneros y su lugar como asidero de la existencia en medio de la sociedad enferma, alelada y fríamente digital (“la música, la lectura de un buen libro, la contemplación de una obra plástica o ver una película de mérito, nos puede sostener ante tanta adversidad”).

Entre otros temas, el Premio Nacional de Dibujo también acomete críticamente en la conversación a distancia la mortecina realidad del mercado del arte en el país (“desde la crisis bancaria y financiera de 2003 hasta la fecha, el mercado del arte ha sido un constante descalabro”); la ilusa elevación de la condición humana hacia la generosidad tras pasar los peores momentos de la irrupción del COVID-19 (“me temo que ante esta catástrofe no solo de salud, sino económica, social, política y hasta espiritual, la humanidad no ha aprendido absolutamente nada”) y la relación con Haití desde el territorio dominicano, que debe preservarse frente a cualquier interés, así como la solución que estima procede para el país vecino.

Comparte su experiencia sobre cómo es posible llevar una vida buena en una época agitada, recluida, temerosa, atropellada, individualista y también desafiante con los recursos de la cultura y el arte, el consuelo en forma del reto de lanzarse a escribir cuentos, cumpliendo sueños guardados, y las delicias del seno familiar.

A favor de la dos veces pospuesta competencia del arte dominicano, por distintas razones, el pintor dominicano Vladimir Velázquez apela a que haya “mucha voluntad para que sea el evento cultural y artístico de referencia en el país”. Abogó por que la Bienal de Artes Visuales, en su edición vigésimo novena, finalmente “se celebre, eso es lo primero, pues ya son seis años desde la última edición inaugurada en el 2015”. A favor de la dos veces pospuesta competencia del arte dominicano, por distintas razones, apela a que haya “mucha voluntad para que sea el evento cultural y artístico de referencia en el país”.

Incluso ese acto de la “voluntad consciente”, Velázquez lo coloca por encima de los recursos económicos que haya envueltos “para cualquier tipo de parafernalia de orden propagandístico o de logística para ese evento. Pues lo que hace falta es querer de veras que se realice la Bienal –remachó– y que la misma aspire a lo que debe ser cualquier concurso artístico de envergadura: un reconocimiento a la excelencia en donde lo mejor sea el ganador”. No le faltó decir que se incluyan todas las manifestaciones del arte, sin exclusión de categorías, a diferencia de lo ocurrido en eventos anteriores.

En este Diálogo Abierto, estrenándose de manera especial para Diario Libre, el dibujante cuenta cómo ha afrontado la pandemia desde el año recién pasado, además con un planeta sometido a la degradación en sus recursos naturales, antaño inspiración clásica para la creación artística (“¿y cómo será ese mundo que se pinta sin naturaleza ni belleza ni vida, un lugar yermo y desolado en donde jamás cabrá la esperanza?”).

Vladimir ahonda al reflexionar sobre el arte (“en todo hay posibilidades, pues de los momentos más crudos en la historia, el hombre ha resurgido en su mejor forma debido a su fuerza interior…”), el arrobamiento ante las grandes obras de todos los géneros y su lugar como asidero de la existencia en medio de la sociedad enferma, alelada y fríamente digital (“la música, la lectura de un buen libro, la contemplación de una obra plástica o ver una película de mérito, nos puede sostener ante tanta adversidad”).

“Desde la crisis bancaria financiera de 2003, el mercado del arte ha sido un constante descalabro”

Vladimir Velázquez

Entre otros temas, el premio nacional de Dibujo también acomete críticamente en la conversación a distancia la mortecina realidad del mercado del arte en el país (“desde la crisis bancaria y financiera de 2003 hasta la fecha, el mercado del arte ha sido un constante descalabro”); la ilusa elevación de la condición humana hacia la generosidad tras pasar los peores momentos de la irrupción del covid-19 (“me temo que ante esta catástrofe no solo de salud, sino económica, social, política y hasta espiritual, la humanidad no ha aprendido absolutamente nada”) y la relación con Haití desde el territorio dominicano, que debe preservarse frente a cualquier interés, así como la solución que estima procede para el país vecino.

Comparte su experiencia sobre cómo es posible llevar una vida buena en una época agitada, recluida, temerosa, atropellada, individualista y también desafiante con los recursos de la cultura y el arte, el consuelo en forma del reto de lanzarse a escribir cuentos, cumpliendo sueños guardados, y las delicias del seno familiar.

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