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Gabriel Yu pone voz a la odisea detrás de la descendencia coreana en México

Andrés Sánchez Braun

Seúl, 15 oct (EFE).- Cuando Gabriel Yu comenzó a investigar la vida de sus antepasados coreanos llegados a México en 1905 jamás imaginó las vivencias que iba a desenterrar. Tampoco que iba a poder narrarlo en un programa televisivo surcoreano en el que ha competido cantando en la lengua de sus ancestros.

Yu, de 36 años, acaba de participar en ‘2021 Korean Festival’, concurso emitido el pasado 10 de octubre por la cadena MBN en el que se han buscado descendientes de coreanos por todo el globo para que demuestren su talento vocal.

Apenas unas semanas antes, la emisora había contactado a Yu, que es presidente de la Asociación de Descendientes Coreanos de la Ciudad de México desde 2019, para que diera a conocer la convocatoria entre la comunidad local.

Para demostrar que su asociación tenía interés en participar envió un vídeo suyo que ya tenía grabado cantando ‘Nun, ko, ib’, uno de los grandes éxitos de Taeyang, miembro de la banda de K-Pop BigBang.

ELEGIDO PARA CONCURSAR

‘Al final paso de ronda y me dicen que prepare otras dos canciones para otro casting. Todo fue muy rápido. Me presenté al casting por Zoom y a los cuatro días me dicen que paso a la final y que solo tengo dos días para tomar el avión a Corea’, explica Yu en una entrevista con Efe en Seúl.

De este modo, tras un viaje relámpago y una cuarentena de 14 días, Yu Hyeon-soo (nombre coreano de Yu) se plantó ante el jurado para realizar una poderosa interpretación de ‘Geokjeong marayo kudae’, una balada clásica del rockero Jeon In-kwon.

El concurso no solo le ha brindado la oportunidad de mostrar su voz, también de contar la historia -desconocida para muchos en Corea y en México- de los descendientes coreanos en el país latinoamericano, muchos de los cuales proceden de la primera migración que ocurrió hace 116 años.

LLEGADA A YUCATÁN

En mayo de 1905 un barco arribó al puerto oaxaqueño de Salina Cruz con unos 1.000 coreanos que serían después trasladados a Yucatán, donde habían sido contratados por las haciendas de henequén, un tipo de agave empleado en la industria textil.

Ahí descubrirían una realidad diferente de la prometida y pasarían cuatro años trabajando en régimen de esclavitud, tal y como refleja ‘Flor negra’, reconstrucción en clave de novela publicada en 2003 por el surcoreano Kim Young-ha y recién editada en español por Panorama.

‘Vivieron cuatro años en una situación muy precaria. Comiendo lo que podían, adaptándose a la comida, al clima, al idioma, al maltrato…’, cuenta Yu, que asegura que muchos acabaron suicidándose y asesinados por los propios responsables de estas haciendas.

Los que sobrevivieron al calvario y decidieron asentarse en Yucatán comenzaron a organizarse en asociaciones que enviaban las noticias de la comunidad local al periódico Shinhan minbo (publicado en Estados Unidos), a través del cual se aglutinaba la actualidad para la diáspora coreana.

Yu sabe esto porque hace pocos años, tras regresar de dos estadías en Corea del Sur (donde obtuvo una maestría) decidió que era hora de investigar sobre sus antepasados y el resto de esa comunidad que se asentó en el sureste de México a principios del siglo XX y de la que él y otros descendientes apenas conocían datos concretos.

‘Nadie sabíamos nada, desgraciadamente esa primera generación que llegó a México fue muy cerrada. Por todo ese sufrimiento para salir adelante es posible que no quisieran compartir’, afirma Yu, que asegura que ni siquiera su abuela conocía bien el legado de sus padres y sus abuelos (los tatarabuelos de Gabriel).

Así, Yu acabó descubriendo que uno de sus tatarabuelos, Lee Myong-won, que llegó a Yucatán en 1905, fue miembro activo de la rama mexicana de Hungsadahn, asociación para promover la independencia de Corea frente a la colonización japonesa fundada por Ahn Chang-ho (1878-1938), gran héroe nacional en Corea del Sur.

Lee, que de manera póstuma ha sido reconocido por el Gobierno surcoreano con la medalla al patriotismo, conoció de hecho a Ahn en persona, cuando viajó en 1918 a México para reunirse con la comunidad local.

MAYA ANTES QUE CASTELLANO

También descubrió muchos más detalles de lo dura que fue la vida incluso para la segunda generación de coreanos en México, ya nacidos en Yucatán y que aprendieron ‘a hablar antes el coreano y el maya que el castellano’.

Muchos, como los bisabuelos de Yu, tuvieron que exigir la nacionalidad, pues por entonces el Gobierno Federal los consideraba súbditos de Japón nacidos en suelo mexicano.

Con el tiempo la comunidad se dispersó a otros puntos del país, donde la Cancillería surcoreana estima que viven hoy 50.000 descendientes, muchos de los cuales ni siquiera saben de su linaje.

Yu, que es quinta generación, no logró finalmente imponerse en el ‘2021 Korean Festival’, pero considera su participación una victoria: ‘Fue un triunfo ser elegido entre esos 11 participantes de todo el mundo y que supieran que desde México estamos trabajando para recuperar la cultura y el idioma coreano’.

Para su asociación, volcada en investigar y en promocionar el legado y las costumbres coreanas, se trata de una carrera cotrarreloj para evitar que más historias caigan en el olvido. EFE

asb/mra/cg

(foto)(vídeo)

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