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El país debe cerrar filas con su presidente

 Un país debe cerrar filas con su Presi­dente cuan­do este vale la pena y sacarlo del montón en un intento de escarnio con­trario a la realidad de esta na­ción; Luís Abinader, incluido entre algunos mandatarios cu­yo nombre aparecen en Papers Pandora, merece el apoyo de todos, amigos y adversarios.

El patrimonio – personal y familiar – de Abinader es ante­rior a su investidura y al asumir el cargo, lo declaró, incluidas las sociedades en el extranjero, peyorativamente llamadas off shore; proviene de venta de ac­tivos familiares no de operacio­nes con el Gobierno.

Las sociedades off shore no son una plaga del tercer mun­do en donde por la inseguridad jurídica, a veces son imprescin­dibles, sino del primer mundo que, al tiempo que las persigue, las acuna con cariño como es el caso europeo con Luxembur­go, Zúrich o Andorra: Estiman en 46 mil millones la evasión fis­cal por este concepto; Estados Unidos no es una excepción, De­laware – aunque no único – es buen ejemplo.

La tenencia de inversiones en estas sociedades, en esas nacio­nes, no guarda relación con la inseguridad jurídica de las mis­mas, sino con la evasión fiscal, delito que han convertido – for­zando el concepto – en hermano siamés del lavado de activos.

Tres presidentes latinoameri­canos han sido mencionados, Pi­nerúa de Chile quien colocó una parte de la venta de una mina de su familia… que ahora se di­ce que eventualmente tuvo con­flicto de intereses para asegurar el último pago, Lasso, de Ecua­dor, quien ha declarado que siendo de profesión banquero, legalmente no podía invertir en su país y por ese motivo se hizo parte de una sociedad extranjera y, Luís Abinader de quien la mis­ma publicación indica que había declarado sus bienes en el exte­rior conforme a la ley nacional, en consecuencia, no tenía nada que esconder.

El sistema de paraísos fiscales, ciertamente se presta a todo tipo de capitales – de drogas, terroris­mo, etc., – y, en ese sentido debe ser controlado, sobre todo a tra­vés del sistema bancario: Eso en los últimos años se ha logrado mucho.

Ahora la mirada de los países ricos es la evasión fiscal, entien­den los comunicadores que la renta de la inversión de un na­cional en el extranjero, debe tri­butar en el país, algo que las le­gislaciones nacionales vienen recogiendo – como un tributo extraterritorial – pero que aún no es norma universal y, desde lue­go, que antes no fue así.

Desde luego que el escánda­lo lo produce el simple hecho de la publicación, de que por ejem­plo, Tony Blair ex primer Mi­nistro inglés haya sido parte de una sociedad para evitar pagar impuestos en la compra de un apartamento… escandaliza, aunque acá no sepamos porque. Trump diría que es, listo, pues tratar de evitar pagar impuestos por medios legales, en su librito, no está mal.

En la primera ronda de publi­caciones, se conoció, cuando los Papeles de Panamá, que el Rey Juan Carlos I, todavía la figura cimera de España había recibi­do dinero que donó a una amiga por la suma de $ 64.8 millones, que no salieron del Tesoro espa­ñol, empero que, por no haberla declarado a Hacienda… come­tió una falta y por ella ha sufrido escarnio público y exilio volunta­rio por el bien de la corona.

En el país, sin tránsito, vivi­mos un fundamentalismo éti­co que como la inquisición o el fundamentalismo islámico, na­da bueno producen porque o somos hipócritas – farisaicos – o dejamos nuestras manos caídas cuando se nos invite a lanzar la primera piedra pues: Toda per­sona adinerada del país tiene in­versiones en el extranjero – bien habidas -, unos por seguridad y otros por miedo a las devalua­ciones, que no ha declarado.

No puede ser de otra mane­ra pues la sociedad dominicana y su economía no han tenido un punto de partida fiscal que per­mita el registro de los patrimo­nios: El único intento imperfecto fue la Ley 46-20. La misma Nor­ma era defectuosa y excluía ca­suísticas importantes y lo peor, hubo de implementarse en oca­sión de la pandemia lo que redu­jo sus posibilidades de éxito.

El país que se aboca a una Re­forma Fiscal debe considerar en ella una normativa para el retor­no de capitales, con las debidas garantías, de la misma forma en que debe extender y ampliar la Ley 46-20 – extinta – a los fines de que en un tiempo prudente las condiciones permitan que, los capitales de nacionales, in­cluidos los que hacen parte de sociedades extranjeras, estén registrados.

 Aca operan otras socieda­des off shore que, al margen de la normativa de sociedades comerciales contenidas en la Ley 78-09, diariamente cap­tan dinero en operaciones co­merciales, cientos de millones de dólares que no reportan al fisco, como sucede con la ven­ta de Tiempo Compartido, en­tre otras operaciones y, des­de luego que esas, deben ser igualmente sometidas al cum­plimiento de la Ley, pero en ellas tiene responsabilidad la justicia que les permite actuar sin Registro Mercantil y sin RNC. Panamá ha implemen­tado controles.. pero qué hay de Islas Vírgenes Británicas y otros territorios que – por USD 200.00 – simplemente expiden licencias de corso para piratear en el mundo de los negocios?

La casuística es grande y re­quiere de remedios, pero en el caso que nos ocupa, en el de la publicación Papers Pandora, el Presidente Abinader sale bien por cuanto cumplió la Ley lo­cal al declarar sus inversiones en el extranjero, es el único que lo hizo.

Utilicemos el escándalo en que inmerecidamente nos colocan para corregir y me­jorar nuestra legislación fis­cal en ocasión de la Reforma Fiscal.

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