El gran capital nos lleva al caos y hay que poner orden por el derecho a la vida
El gran capital, la gran burguesía, no hablamos de propietarios de pequeñas y medianas empresas, aunque estas últimas también se aprovechan de la explotación del trabajo ajeno y extraen la plusvalía con la contratación de trabajadores asalariados en sus unidades productivas, comerciales y de servicios, es el gran responsable del gran malestar que vive la sociedad dominicana y otras sociedades en el mundo. Del desastre ambiental en el que vivimos es el gran capital el gran responsable de ese caos, aunque muchos empresarios que no forman parte del gran empresariado son también explotadores de la mano de obra asalariada.
¿Por qué decimos esto? En la importación masiva de vehículos de motor de combustibles fósiles, los cuales al circular no sólo generan congestionamiento si no también la polución, son los grandes capitales que se mueven en el comercio de importación de carros y otros vehículos. Son negocios que, en su gran mayoría, mueven muchos cientos de millones de pesos o miles, no cincuenta, cien o doscientos millones de pesos. Son grandes importadores. Por otra parte, los empresarios turísticos, siendo el turismo masivo un negocio que provoca la proliferación de gran hacinamiento y producción y acumulación de basuras en nuestras playas, son grandes empresarios, tanto los dominicanos como los extranjeros que invierten en los hoteles, resorts y restaurantes. Se estima que 180,000 turistas extranjeros visitaron al país en esta Semana Santa.
En el negocio de la electricidad, aunque no manejamos ese tema y no tenemos la prueba pero hay rumores de que los Vicini, están envuelto tanto en la planta de Punta Catalina como en el negocio del turismo. Punta Catalina, al parecer, es una planta generadora de electricidad muy contaminadora, por generar la electricidad a partir del carbón, algo que ha caído un poco en la obsolescencia. El gran malestar que este capitalismo salvaje, brutal y neoliberal que tenemos instaurado por cerca de 40 años nos hace padecer, es de gran magnitud por lo que debe ser destruido y suplantado por un orden provisto de una gran justicia social, ya ese malestar y a la vez desorden casi caótico que vivimos no se reduce nada más al problema ambiental.
Sin embargo, el problema del medio ambiente es un eje transversal que atraviesa múltiples problemas que afectan a la formación social dominicana y a las demás sociedades del mundo. En el caso del agua, un recurso vital para la vida humana, al cual debe tener acceso toda la población humana y los individuos de los demás seres vivos que también la necesitan para vivir, hoy es tan apreciada por los grandes empresarios que quieren apropiarse de ella para negocios de grandes ganancias. Quieren una ley de agua que le permita apropiarse de las cuencas acuíferas altas, medias y bajas, para seguir con sus ganancias y pensando en la crematística que significa el negocio para ellos, no importándoles que muchas personas mueran de sed por no poder comprar el agua que necesitan para vivir. La empresa Coca Cola que hace unos años era propiedad de un apellido sonoro vinculado al PLD, pero no sabemos quiénes son hoy sus principales accionistas porque lo mismo podría estar pasando con las empresas del Grupo León, aunque esta última tal vez no haya pensado en hacer negocio con el agua, pero ambas están envueltas en inversiones involucradas con la contaminación y los ecosistemas. ¿Cuánta contaminación y enfermedades traen los cigarrillos? ¿Cuántas muertes habrán sido causadas por el consumo de cigarrillos y de bebidas alcohólicas?
Las empresas constructoras en su mayorías son grandes empresas que, al igual que las granceras y las empresas extractivas dedicadas a la gran minería y a la mega minería (siendo estas últimas son casi siempre de capitales multinacionales extranjeros con mucho poder y que se valen del chantaje) son las mayores responsables del deterioro ambiental. ¿Cuántas tierras fértiles han dejado de cultivarse en la provincia Espaillat? La conversión de suelos fértiles en solares de viviendas es un crimen de lesa humanidad. El Estado dominicano no puede seguir por el derrotero que lleva. ¿De investigarse quienes están pegándole fuego a amplias zonas boscosas y acabar con la extracción de materiales de los ríos y parar las construcciones? Reciclaje de los escombros de hormigón. No nos cabe ninguna duda de que manos criminales deben estar envueltas en esos incendios forestales, ya se han producido en muchas partes del país. Estuvimos viendo huellas de incendios forestales próximos a Villa Altagracia. Debe aplicarse todo el peso de la ley. Hay cambiar y el Estado deber servir para el bienestar no importa quien se oponga y a quien perjudique, porque hay que extinguir el gran capital.
Los incendios, la deforestación y la destrucción de cuencas acuíferas provocan la desertización, acidificación y aridez de los suelos, lo que viene provocando la desaparición de los cultivos tradicionales y la casi extinción de nuestra agricultura. Casi no producimos café y azúcar. A mediados de los años 70 la cosecha de maíz en el municipio de Luperón, en una temporada de la misma para un año determinado, era estimada en unos 400,000 quintales; al igual que en uno esos años se produjeron aproximadamente 700,000 quintales de yuca y batata, pero además, se producían muchos plátanos, ñame, yautía y auyamas, pero hoy somos más habitantes y nos estamos quedando sin tierras de cultivos para estos frutos por causa de las tantas construcciones y nos estamos quedando sin manglares por las construcciones en zonas turísticas.
Hoy casi no se produce el maíz en el país, no se produce sorgo para alimento de pollos; al parecer, porque Estados Unidos que era el principal productor (se estimaba que producía el 60 % de todo el maíz del mundo) tenía una sobreproducción y tenía que encontrar mercados aquí y en otras partes. El sirop de maíz se comenzó a importar desde aquí como edulcorante y el azúcar no subía de precio, pero además se buscaron todos los óbices para que se produjera el etanol o alcohol de caña en los ingenios dominicanos.
Sin embargo, el mayor problema lo están creando las empresas vinculadas al sector de la construcción, muchas de las cuales que mueven grandes capitales, porque la devastación del medio ambiente por parte de ellas es tan criminal. Destruyen cuencas de ríos altas, medias y bajas que tardaron millones de años. Así no puede continuar el país, pero tampoco así pueden continuar otros países. El Coronavirus mandó una señal, con la pandemia de la COVID-19, pero el gran empresariado no quiere renunciar a la devastación del planeta, entonces hay que decir a los grandes empresarios que su época debe terminar, porque no podemos vivir sin Estado fuerte y sin una economía regulada, sin controles de precios, con bancos privados, sin control de la natalidad, sin freno a las importaciones de vehículos y con las ARS y las AFP privadas. Hay que frenar a la gran empresa y acabar con todo lo que genera ese Estado de Malestar en que vivimos.
Por Francisco Rafael Guzmán F.

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