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SANTO DOMINGO.- El 16 de septiembre, bajo el rugido del Rodrigo Paz Delgado, la hinchada de Liga de Quito daba por resuelta la serie y celebraba de antemano que la fiesta continental seguía viva en la capital ecuatoriana. Los locales ganaban 3-2 en los noventa minutos y empujaban a su gente hacia un sueño que ya duraba varias rondas, aunque la Copa Libertadores rara vez perdona a quien se confía antes de tiempo. Desde los doce pasos apareció un Palmeiras helado, con la cabeza más fría que nadie, y se llevó la tanda por 4-3, con Vitor Roque y Jhon Arias como protagonistas de una clasificación tan sufrida como valiosa.
En este día se cerraron unos cuartos de final que dejaron un mapa muy claro sobre la mesa del continente. De los cuatro semifinalistas que siguen en pie, tres hablan portugués. Fluminense, Palmeiras y Flamengo cargan la bandera del fútbol brasileño, y solo Estudiantes de La Plata sostiene el orgullo del resto de Sudamérica. La foto de los cuatro clasificados confirma una tendencia que se veía venir desde la fase de grupos, cuando los grandes clubes de Brasil empezaron a marcar diferencias con presupuestos y planteles fuera del alcance de casi todos.
Que cada uno haya llegado a esta instancia por un camino distinto también cuenta una historia: el campeón vigente avanzó sin demasiados sobresaltos, porque Flamengo despachó a Independiente del Valle con un 3-1 en el que Giorgian de Arrascaeta volvió a ser el faro del equipo carioca. Estudiantes, en cambio, sudó cada tramo del cruce, empató 1-1 en La Plata frente a Corinthians y resolvió la llave con un 1-0 en territorio brasileño. Sin brillo, pero con el oficio de quien conoce el peso de estas noches, Fluminense eliminó a Platense con un global de 3-2.
Por qué el mercado señala a los brasileños
La pregunta por el favorito, con ese panorama sobre la mesa, tiene una respuesta que se repite desde febrero. Los equipos brasileños fueron los favoritos de las casas de apuestas deportivas para liderar la Libertadores. En concreto, Flamengo y Palmeiras están muy por delante del resto. La caída de Corinthians solo estrechó todavía más ese pulso brasileño. No hablamos de una corazonada, sino de la lectura fría de dos planteles hondos, con experiencia reciente en instancias decisivas y con números que sostienen la etiqueta de candidatos.
Aunque los datos también lo respaldan, el peso de Flamengo no es únicamente estadístico. El club de Río de Janeiro levantó la última edición al vencer 1-0 a Palmeiras en la final de Lima, en noviembre de 2025, y desde entonces no ha soltado el trono continental. Su jerarquía individual, con De Arrascaeta como director de orquesta, y su regularidad internacional lo mantienen como el gran candidato a repetir, algo que ningún equipo consigue con facilidad en un torneo tan parejo y desgastante como este.
El rival natural para ese dominio se llama Palmeiras. El equipo de São Paulo arrastra cifras defensivas notables y una constancia que asusta a cualquiera, aunque la serie con Liga de Quito dejó claro que no es invulnerable cuando lo aprietan en la altura. El cuadro de semifinales de la Libertadores dibujó además un cruce cargado de historia y de morbo, porque Fluminense y Palmeiras pelearán por uno de los dos boletos a la gran final, en un duelo entre viejos conocidos del fútbol paulista y carioca.
No todo el protagonismo se lo llevaron los que siguen en carrera: el goleador del torneo hasta esta altura es el paraguayo Álex Arce, mérito que no alcanzó para meter a su equipo entre los cuatro mejores. Ese detalle resume bien la Libertadores, porque se puede tener a la figura más determinante y quedar afuera igual, ya que aquí manda el colectivo y la profundidad de la banca más que el brillo de un solo nombre.
La grieta por donde puede colarse la sorpresa
Del otro lado de la llave quedó el relato más romántico de esta edición. Estudiantes de La Plata, dirigido por Alexander Medina y presidido por Juan Sebastián Verón, es el único sobreviviente que no viene de Brasil y cargará con la ilusión de todo el fútbol argentino cuando se cruce con el campeón vigente. El Pincha no parte como favorito en ninguna quiniela del continente, pero su historia en la copa y su solidez defensiva lo convierten en un rival incómodo para cualquiera que se relaje un solo minuto.
Las idas de las semifinales se disputarán entre el 13 y el 14 de octubre, mientras que las revanchas quedaron fijadas entre el 20 y el 21 del mismo mes, en un calendario apretado que no da respiro. Quien gane cada llave se ganará el derecho de disputar la final del sábado 28 de noviembre en el Estadio Centenario de Montevideo, el escenario donde late buena parte de la historia grande del fútbol sudamericano y que este año recupera una final a partido único.
Desde Panamá y desde cualquier rincón del continente, la cuenta habla por sí sola. Tres de los cuatro semifinalistas son brasileños, y el mercado ordena la fila con la misma lógica con la que la ordena la cancha, con plantel profundo, kilómetros de experiencia y una hegemonía que ya suma varias ediciones seguidas para el balompié de Brasil.
Por esa grieta podría colarse Estudiantes con un golpe de autoridad, esa gesta que el aficionado panameño aprende a querer cuando ve tambalear a los gigantes. Enfrente aguarda Flamengo, un campeón que no quiere bajarse del trono, y un Centenario que en 2021 ya vio gritar campeón a Palmeiras y que en noviembre volverá a abrir sus puertas para otra final de leyenda.

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