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República Dominicana fortalecerá seguridad de la única mina de larimar del mundo

República Dominicana fortalecerá seguridad de la única mina de larimar del mundo

Pau Mompó Alberola

BARAHONA, RD. – A unos 200 kilómetros al suroeste de Santo Domingo, en la provincia de Barahona, más de 700 mineros trabajan en la única mina del mundo de larimar, una piedra semipreciosa de tono azulado que solo se encuentra en la República Dominicana, lugar que está en proceso de mejora de su seguridad.

La minería representa una importante fuente de ingresos para el país caribeño. En los primeros seis meses de 2025 el sector exportó por valor de más de 1.000 millones de dólares, lo que supuso un 32 % del total de las exportaciones en ese período, mientras que en 2024 representó un 1,4 % del producto interior bruto (PIB).

La mina, ubicada concretamente en el paraje Los Chupaderos, sección Los Checheses, tiene alrededor de 90 pozos, que son gestionados por inversores locales que se encargan de la extracción del mineral.

A los pozos se accede gracias a las grúas que ayudan a los mineros a bajar, sujetos de un arnés o de cuerdas, las decenas de metros que separan la superficie de las grutas desde donde se extrae el larimar, algunas de las cuales están situadas a hasta 50 metros de profundidad.

La mina, que empezó a explotarse en 1974, ha sufrido transformaciones en los últimos años con el fin de mejorar la seguridad de los obreros y las duras condiciones en las que trabajan. Según el propio Ministerio de Energía y Minas, treinta trabajadores han muerto en el yacimiento desde que se inició la explotación.

«Cuando llegué a la mina por primera vez en 2020 pensé que había que cerrarla, pero cuando vi salir tanta gente que trabajaba en ella pensé que había que sentarse a hablar con los mineros», indicó a EFE el director general de Minería dominicano, Rolando Muñoz.

Según Muñoz, el Ministerio de Minas puso en marcha entonces un programa de educación para reducir los riesgos laborales e instruyó a 35 brigadistas cuyo deber, entre otros, es medir los niveles de concentración de gas en cada pozo para impedir que se trabaje si no se cumple con parámetros seguros y con ello evitar los casos de muerte por asfixia.

«Iniciamos un programa de ‘desarrabalización’ de la zona. En la mina antes había niños, eso se prohibió, y se instaló una garita de seguridad en la entrada», señaló.

También se empezaron a construir servicios sanitarios, estructura que permitiese el lavado de manos y se dispuso una unidad médica en caso de accidentes.

A pesar de ello, Muñoz reconoció que todavía «queda mucho por hacer» aunque, según él, «se ha avanzado bastante».

Para Bernardo Félix, que lleva dieciocho años como obrero en esta mina, «ahora se está trabajando mejor, porque el trabajo se va modernizando y se tiene más seguridad».

Aun así, los túneles en su mayoría están reforzados con travesaños de madera lo que reduce la seguridad en caso de derrumbe, salvo en algunos tramos que están siendo cambiados por láminas de metal que son más resistentes.


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