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“Del supermercado a la NASA, Michael Guzmán soñando con ser el primer astronauta dominicano»

“Del supermercado a la NASA, Michael Guzmán soñando con ser el primer astronauta dominicano»

SANTO DOMINGO. – Michael Guzmán creció en el estado de Nueva Jersey, Estados Unidos, pero cada verano y Navidad volvía a las raíces de su familia en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Allí, entre el aroma de la comida típica, la música de bachata, el rap y el calor familiar, aprendió el significado de ser dominicano.

Sus padres, Elizabeth Muñoz y José Guzmán, oriundos de Santiago, le inculcaron ese amor por sus raíces. Durante sus visitas, Michael disfrutaba momentos especiales en lugares como El Centro Español y las playas de Sosúa en Puerto Plata, llenándose de recuerdos inolvidables.

Sin embargo, no fue hasta su adolescencia que realmente encontró su confianza. Cuando estaba en Nueva York, era tímido, más de quedarse en casa. Pero en Santiago, sus primos lo llevaban a vivir experiencias nuevas, enseñándole tigueraje. Era algo más que ser astuto; era aprender a adaptarse, a leer situaciones y a tener seguridad en sí mismo. Esa mezcla de culturas y aprendizajes le daría a Michael la fuerza para enfrentar todo lo que vendría.

En la secundaria, Michael descubrió su pasión por la ciencia gracias a una clase de física. Las leyes de Newton lo dejaron fascinado. “Es esto lo que quiero hacer”, se repetía una y otra vez. Aunque no tenía claro cómo llegaría a cumplir ese sueño, sabía que quería trabajar con algo grande, tal vez con cohetes. Pero los años que siguieron no fueron fáciles.

En 2011, Michael aplicó para la prestigiosa beca de la National Science Foundation (NSF) y resultó seleccionado. En su propuesta quería trabajar con unos materiales especiales llamados metamateriales, que tienen propiedades que no se encuentran en los materiales comunes. Su idea era usar estos materiales para tratar de medir una fuerza súper pequeña que existe incluso cuando parece que no hay nada, algo así como la energía escondida en el vacío. Quería ver si esa fuerza, en lugar de atraer, podía empujar, algo que hasta ahora nadie había comprobado. “Supongo que a alguien que estaba revisando las aplicaciones le gustó la idea”. Explica Michael.

En la universidad, Michael cometió errores. Perdió esa prestigiosa beca por decidir salir de fiesta en lugar de estudiar. “Fue una lección dura, pero aprendí”, recuerda. No iba a dejar que un tropiezo lo definiera.

Su primer trabajo fue en un supermercado, donde descargaba mercancía de camiones y organizaba los estantes. “No era el trabajo más emocionante, pero me enseñó el valor del esfuerzo y la responsabilidad”, recuerda. Años después, esa misma ética de trabajo lo ayudaría a abrirse paso en una de las instituciones más prestigiosas del mundo.

Michael Guzmán se graduó en Ingeniería Mecánica de la Florida International University, donde mantuvo un destacado índice académico de 3.54 sobre 4.00, demostrando su dedicación y pasión por la ciencia y la tecnología. Posteriormente, completó una maestría en Sistemas Espaciales en el Florida Institute of Technology, logrando un índice académico de 3.90 sobre 4.00.

Poco después de graduarse, una oportunidad inesperada llegó a su vida. Un contratista de la Administración Estadounidense de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), visitó su universidad buscando pasantes.

Michael aplicó, aunque lo asignaron a logística, un área que no tenía nada que ver con cohetes o exploración espacial. Estuvo a punto de rechazar la oferta, pero su madre lo convenció de aceptarla. “Abre tu mente”, le dijo. Michael le hizo caso, aunque no fue fácil. Los primeros días se sintió fuera de lugar, pero no estaba dispuesto a regresar sin dejar una marca.

Decidió construir un cohete por su cuenta. Con el dinero que ganaba como pasante, compró un libro, las piezas necesarias y, en sus ratos libres, trabajó en ello. Cuando estuvo listo para el lanzamiento, uno de los gerentes se enteró y le dijo que le avisara porque quería ver el lanzamiento. Ese día, mientras el pequeño cohete surcaba el cielo, Michael sintió algo cambiar. Unos días después, lo llamaron a la oficina del gerente. “¿Puedes empezar el lunes?”, le preguntaron. Había conseguido un puesto permanente en la NASA.

“Algún tiempo después, le pregunté a mi mentor de la pasantía por qué me habían contratado, y me dio dos razones: la primera, porque lanzar un cohete con mi propio tiempo y dinero demostró iniciativa. La segunda, y más importante, fue mi ética de trabajo. Me explicó que todos sabían que no estaba contento trabajando en logística, pero aun así cumplía con mis responsabilidades cada día y hacía mi trabajo de forma diligente. Aunque intenté encontrar otro puesto, nunca descuidé mis tareas asignadas en logística. Desde entonces, he permanecido en la NASA. Pasé del departamento de logística a trabajar directamente en el desarrollo del nuevo cohete lunar de la NASA”.

Michael comenzó a resolver problemas críticos, como reparar fugas en sistemas que manejaban líquidos, como el hidrógeno y el oxígeno líquido, sustancias extremadamente frías que podían causar explosiones si algo salía mal. También ha desempeñado un papel clave en el desarrollo del Space Launch System (SLS), el cohete más poderoso jamás construido por la NASA, un componente clave del proyecto Artemis, diseñado para regresar a los humanos a la Luna.

Sus esfuerzos no pasaron desapercibidos. Ganó premios como el Space Flight Awareness Award y el General Contract Manager Award, los cuales atribuye a una combinación de factores: el esfuerzo constante que dedica a estar siempre preparado, su meticulosidad en los detalles y sus habilidades para tratar con las personas, cualidades que han sido clave para su éxito profesional en la NASA.

“Lo que más me emociona como ingeniero de la NASA es el hecho de que trabajo en cosas que realmente van al espacio, y que estamos enviando personas a otros cuerpos astronómicos. Ahora es muy común ver aviones volando por todas partes, todo el tiempo. Pero al principio, los vuelos de aviación no eran tan comunes. Siento que soy parte de los comienzos de lo que algún día serán vuelos espaciales comunes hacia la Luna y otros destinos, y eso es muy emocionante.”

“En un día típico como ingeniero aeroespacial, durante las pruebas de Verificación y Validación, yo, como Líder del Equipo de Tareas, ingreso a la Sala de Control de Lanzamiento, inicio sesión en mi estación de trabajo y abro las pantallas de mi sistema, desde donde controlo el hardware de propulsión del cohete. Comunico al equipo de pruebas, a través de radio, que estamos listos para comenzar y sigo un procedimiento de prueba previamente preparado. Supongamos que ese día estamos probando mecánicamente todas las válvulas del sistema de propulsión. En ese caso, enviaría comandos a cada válvula para abrirla y cerrarla, asegurándome de que el ciclo de la válvula sea suave y dentro del tiempo especificado, que mis comandos lleguen correctamente a la válvula (lo que indicaría que el cableado es correcto) y que los indicadores de posición en la válvula muestren el estado adecuado, entre otros aspectos. Si algún componente falla durante la prueba, entraríamos al cohete para repararlo o reemplazarlo”.

Ese es un día típico. En el día del lanzamiento, nos ubicamos en nuestras estaciones de trabajo en la Sala de Control de Lanzamiento y apoyamos en el proceso para llevar el cohete al espacio”.

Con el tiempo, Michael comenzó a soñar más grande. Quiere convertirse en el primer astronauta dominicano. Sabe que no es fácil, pero está dispuesto a intentarlo. Se convirtió en piloto privado, aprendiendo a volar aeronaves ligeras mientras planifica su vuelo con escalas desde Orlando, Estados Unidos hasta Puerto Plata, República Dominicana. Esto forma parte de una lista de actividades que realiza para cumplir con los requisitos necesarios para hacer carrera como astronauta en la NASA.

“Mi sueño de convertirme en astronauta está profundamente ligado a una característica que siempre ha definido mi forma de ser: apuntar al objetivo más alto posible. No sé exactamente de dónde proviene ese impulso, pero ha estado conmigo desde que tengo memoria. Para mí, conformarme con algo menor sería un acto de pereza, una renuncia a todo mi potencial. Me resulta insatisfactorio dedicar mi mejor esfuerzo a algo que no represente lo máximo que puedo alcanzar. Ser astronauta, para mí, significa tener el valor de perseguir lo que parece imposible”.

Para aplicar como astronauta en 2027, Michael debe cumplir con una serie de requisitos establecidos por NASA. Los principales requisitos son los siguientes:

  • Educación: Una licenciatura y una maestría en una disciplina STEM (ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas)

Michael cumple con este requisito con su Licenciatura en Ingeniería Mecánica de la Florida International University (FIU), obtenida con un índice de 3.54/4.00. Además, su Maestría en Sistemas Espaciales del Florida Institute of Technology (FIT), con un GPA de 3.90/4.00.

  • Experiencia profesional: Al menos dos años de experiencia profesional relevante o 1,000 horas de vuelo en aeronaves jets.

Con su trabajo en el desarrollo del Space Launch System (SLS), y su licencia de piloto aviador, Michael ya tiene base técnica que cumple con este requisito.

  • Habilidades físicas y de salud: Las agencias espaciales requieren que los astronautas mantengan una excelente condición física.

Para seguir fortaleciendo su perfil como candidato a astronauta Michael debe seguir acumulando experiencia trabajando en el cohete que irá a la Luna, podría conseguir un type rating de un jet, seguir acumulando horas de vuelo y mantener un buen estado físico y de salud, entre otras iniciativas.

Las solicitudes para el programa de astronautas de la NASA suelen abrir en la primavera de 2027, con fecha límite de presentación en el verano de ese mismo año. Después de aplicar, los seleccionados deben someterse a un riguroso entrenamiento físico, técnico y de supervivencia, que puede durar varios años antes de ser asignados a misiones.

Pero Michael no solo piensa en su futuro; también piensa en los jóvenes dominicanos que, como él, sueñan con algo más grande. Una de sus ideas es organizar una competencia estudiantil de lanzamientos de cohetes en República Dominicana. También sueña con ver universidades públicas, dominicanas ofrecer carreras como Ingeniería Aeroespacial.

“Es importante para mi promover la ciencia en mi país de origen República Dominicana, principalmente por dos razones. La primera es porque, a lo largo de mis años visitando RD, me di cuenta de que la ciencia no se entiende ni se celebra a gran escala. Para los muchos dominicanos que son apasionados por la ciencia, esta falta de reconocimiento cultural podría hacer que no persigan sus pasiones. En segundo lugar, creo firmemente que aprender ciencia es una buena forma de desarrollar la curiosidad y el pensamiento crítico, facultades mentales que pueden ser muy útiles para cualquiera que las posea para vivir una vida feliz y lograr una mejor sociedad”.

Con sus charlas, Michael ya ha inspirado a estudiantes dominicanos a realizar sus propios lanzamientos de cohetes.

“Ponte pa’ eso. Ve por lo que amas. Puede parecer que no es alcanzable, pero lo es. Si yo, un tipo normal, he llegado hasta aquí, tú también puedes”. Es el mensaje de Michael José Guzmán Muñoz, para los jóvenes dominicanos.

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