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Educación, pobreza e inmigración

Educación, pobreza e inmigración

“La única forma de salir de la pobreza es la educación”

En la República Dominicana el binomio pobreza y falta de educación, se debe a circunstancias multifactoriales. Durante toda nuestra historia patria han incidido muchos aspectos (políticos, económicos, sociales, entre otros), que han mantenido a miles de dominicanos y dominicanas sumergidos en la ignorancia y postrados en la miseria.

Por ejemplo, en el ámbito educativo, tenemos una desigualdad muy marcada en cuanto al acceso a la educación, donde ésta se considera más como un privilegio, que un derecho, mientras que, según las estadísticas ofrecidas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2021, la República Dominicana cuenta con un 22.5% de su población que vive en la pobreza, y un 5.2% que vive en la pobreza extrema, pero estamos casi 100% seguros de que son muchas más personas las que viven bajo ambas condiciones de pobreza.

Hemos visto como nuestro país se ha ido deteriorando social, educativa y moralmente (en valores y principios). De manera muy puntual, consideramos que esto se debe, primero, a la falta de educación, en especial en aquellas que se debe enseñar y dar en los hogares e igualmente se debe reforzar en los centros de enseñanza de cualquier nivel, tanto públicos como privados. Evidentemente, eso no está sucediendo en ningún lado. La carencia de este importantísimo valor se hace cada día más notorio, en especial en esta ciudad capital, donde la calidad de nuestras vidas se ha ido deteriorando por el estrés, la tensión y la preocupación que en todos los sentidos nos genera salir a la calle a lidiar con gente imprudente, impertinente y con muy mala y baja educación.

Para muestra un botón, en nuestros barrios, espacios públicos, de esparcimiento y recreación, se hace prácticamente imposible la convivencia social, a la gente no le gusta hacer filas, no respetan los semáforos, ni el orden de las vías y tampoco las aceras, contaminan y ensucian las calles, los parques, las cañadas, los ríos, las playas y las montañas, escuchan música a todo volumen, sin importarles la tranquilidad de sus vecinos o del negocio que le quede al lado, así, como también, realizan un sinnúmero de acciones indebidas que afectan la paz de su entorno y la convivencia con sus supuestos “prójimos”.

A esa notoria carencia de educación, valores y principios, también, vamos a sumarle la pobreza. Siempre hemos dicho que en los seres humanos pueden habitar a la vez dos clases de pobreza, la económica, que no amerita explicación, y la mental, que reside en aquellas personas que saben que son pobres económicamente, pero que además, no hace nada para salir de esta condición, en pocas palabras, son conformistas; son aquellos que no tiene ni ha conseguido nada, que por su complejo de “gente pobre”, se agarra de que no le “han dado oportunidades” para crecer, avanzar, desarrollarse y progresar, en fin, siempre vive poniendo una excusa tras otra para justificar su condición y situación, y, generalmente, viven de todas las ayudas que les dan los gobiernos.

La combinación de esos dos tipos de pobreza (económica y mental) es la más peligrosa, y es el segundo factor que, conjuntamente con la falta de educación, consideramos que, se ha hecho muy visible y notorio, porque está abundando en nuestras calles, y lo peor de todo, nos está afectando la salud física, mental y emocional, por el desgaste que nos genera vivir en esa constante lucha “por el bien”, así, como también nos perjudica en la convivencia social de las personas que sí queremos habitar en un país decente, disciplinado, limpio, seguro y organizado, contra aquellos que viven como chivos sin ley.

Hablando de pobreza, cabe destacar, que hace décadas, se le viene adicionando un elemento externo muy importante, que ha sido ignorado por años por cada uno de los gobiernos de turno, pero, ya es un hecho muy evidente, que está complejizado el panorama, porque ha incrementado considerablemente nuestros niveles de pobreza extrema, haciendo que su erradicación sea un hecho muy poco probable para la República Dominica para el año 2030, tal como nos lo acordamos y propusimos nacional e internacionalmente.

Ese elemento externo que nos hemos referido, le ponemos el nombre y apellido de: inmigración, y especial atención a aquella donde entran al país personas indocumentadas, de forma descontrolada y desproporcionada, sin paños tibios, nos estamos refiriendo directamente a la inmigración de haitiana.

Ustedes ya se están preguntando: ¿Qué tiene de especial la inmigración haitiana que nos afecta tanto nuestros índices de pobreza? Pues resulta que, muchos de esos inmigrantes radicados en nuestro país, son personas muy pobres, que vivieron recientemente en un país bajo condiciones infrahumanas, por la falta de recursos y controles sanitarios, expuestos diariamente a virus y enfermedades, que incluso pueden afectar la salubridad de nuestro país, para muestra de ello, un botón, sólo hay que detenerse a mirar sus estadísticas del cólera y la malaria. A esto, súmenle que es el país más pobre de América Latina, esto no necesita de mayor explicación. Lo antes dicho, no lo es todo, agréguenle la gravedad de su situación política, social y económica por la que están atravesando actualmente, hecho que ha encarecido enormemente las condiciones de vida de sus habitantes, en especial la de los pobres, quienes desafortunadamente, se están haciendo más pobres. No podemos culparlos por sus deseos de emigrar, cualquiera en su situación habría hecho lo mismo, recordemos el caso de Siria y de muchos otros países más que están en situaciones parecidas.

Entonces: ¿Por qué RD se mantendrá por mucho tiempo en la pobreza? Porque esos inmigrantes haitianos, cuando se insertan en nuestra sociedad, viven en nuestros campos y ciudades en condiciones paupérrimas, y, el poco dinero que reciben lo envían a sus familiares, siendo muy poco probable que el capital restante, les sirva para mejorar sus condiciones y calidad de vida en nuestro país, hecho que los mantendrá permanentemente en la pobreza. Es por tal motivo que, estas personas siempre serán consideradas y sumadas a nuestros índices de pobreza, impidiendo que haya una mejorar sustancial y tendencia a la baja de esas estadísticas.
Aprovechamos la ocasión, para reconocer que, a pesar de las limitaciones y precariedades con que sus inmigrantes conviven en este país, el pueblo haitiano es muy honesto y trabajador, y su valiosa mano de obra ha contribuido enormemente al desarrollo y crecimiento de nuestros campos y ciudades, siempre les estaremos agradecidos. También, les deseamos que, puedan resolver sus conflictos internos para que nuevamente se levantan como Estado-Nación.

Cabe destacar que, República Dominicana cuenta con bastantes leyes, planes, acuerdos nacionales e internacionales y programas institucionales, creados para fomentar la educación y controlar y disminuir la pobreza, ya todas las fórmulas se han inventadas, no hay que ponerse a teorizar, y, aunque suene monótono y repetitivo, sólo la voluntad política, económica y social aunada, es la única que puede solucionar ambos problemas, y aquí debemos incluirnos todos nosotros, los/as ciudadanos/as ordinarios, los de a pie, quienes también tenemos una cuota de responsabilidad en ambos asuntos, por acción u omisión, desde nuestros hogares, puestos de trabajo y en todas las áreas donde hacemos acto de presencia y vida social.

Independientemente de que contamos con un conjunto normativo amplio y diverso, culturalmente, los órganos llamados a castigar las violaciones de las leyes, han sido muy tímido en la aplicación de sanciones ejemplares contra los infractores, quienes se han dedicado a alterar la paz y el orden público en nuestro país, ésta es otra de las razones por la cual esos “malos educados” siguen proliferando y muchos son reincidentes en sus acciones, porque no hay un régimen de consecuencias que motive y obligue a esos “antisociales” a pensarlo dos veces antes de volver a cometer el mismo delito o crimen o contravención.

Creemos que las migraciones en todo el mundo son necesarias e importantes, siempre y cuando sean organizadas, controladas y con propósitos claramente definidos, tal como por ejemplo lo hace Canadá. Parte del desorden existente en nuestra frontera es lo que está propiciando el incremento de nuestra pobreza, entre otras cosas más. Los organismos encargados de la seguridad, regulación y control de la entrada, salida y permanencia de los extranjeros, deben ser bastantes rigurosos y prestar atención especial a aquellos inmigrantes que pretenden entrar en condición de indocumentados. ¿Por qué? Como están las cosas en Haití, cualquier delincuente o prófugo de la justicia pudiera cruzar de manera desapercibida y asentarse en nuestro país, con planes de atentar contra su propio país, o el nuestro o ambos a la vez; o pudiera darse el caso de algún terrorista internacional encubierto bajo documentos falsos, que entre al país e igualmente quiera atentar contra otro país desde aquí. Ambas situaciones pudieran generarnos un grave problema de seguridad nacional.

No es un secreto para nadie que, por muchos años, la inmigración nos ha impactado directamente en lo político, económico y social (salud, educación, construcción, agricultura, hogar, y en otras áreas no menos importantes). Ahora, conforme sus vivencias y experiencias personales, les dejo la siguiente pregunta de tarea: ¿En cuáles rubros ustedes consideran que la inmigración desorganizada y sin propósito, independientemente de la procedencia de los extranjeros, ha sido beneficiosa para el país y en cuáles no? Para responder, auxíliense de las noticias sobre el tema y de los datos estadísticos que abundan por ahí. El resultado a esta pregunta nos arrojará bastante luz, ya que nos permitirá determinar ¿Qué tan necesaria es realmente la inmigración? ¿En qué áreas se necesita mano de obra extranjera y en cuáles no? ¿En dónde están nuestras mayores debilidades de control y regulación?.

Por Joel Nazario Rosario

Quiosco Periódico Digital