Este es un trinomio importante de conceptos que deben ponerse en acciones prácticas para ser vividos en la sociedad, como una forma de aprender a ser persona, ejercitar en forma sana el cuerpo, sostén físico de lo que somos como seres cognitivos y una forma de diversión que busca el equilibrio emocional de los seres humanos. Por esa razón, desde Grecia hasta hoy, aparecen en nuestras vidas. De la educación hablamos siempre, es nuestra labor y compromiso. Hoy quiero hablarles del deporte y la recreación, como dos pilares del quehacer físico y mental del hombre y de la mujer.
La condición humana necesita del deporte como acción física y de la recreación como acción de esparcimiento.
En la nación dominicana el deporte rey es béisbol o el juego de la pelota (baseball en inglés), deporte que se juega en la “Isla La Española” desde los tiempos indígenas, con algunas diferencias al juego de hoy. Las estructuras de espectáculos, es decir, los estadios que tenemos son rudimentarios con respecto a la importancia de ese deporte, que ya es una actividad profesional de gran rentabilidad individual para los jugadores, y empresarial para los dueños de las franquicias.
En verdad en el país no tenemos béisbol propio, porque los equipos dependen de la voluntad de la Mayor League Baseball (MLB), para que un jugador de calidad juegue o no en república dominicana.
Las grandes ligas de Béisbol son una organización profesional que está organizada en los Estados Unidos de América (EUA), y en Canadá, está compuesta por 30 equipos divididos en partes iguales entre la Liga Nacional y la Liga Americana, esta última cuenta con 29 equipos de los EUA y uno de los socios canadienses.
Todo depende de la MLB desde nuestro campeonato de invierno, hasta el Clásico Mundial, pasando por el Campeonato del Caribe.
El Estado ha perdido su relación protagónica con nuestro Béisbol. Nuestra Liga Dominicana de Béisbol no es lo que és sin la MLB que le condiciona los jugadores más destacados. El Béisbol amateur es prácticamente trabajado por las ligas internacionales de los distintos equipos de grandes ligas y las selecciones nacionales dependen de las franquicias de la MLB.
Falta organización desde el Estado para propiciar la formación de recursos humanos de calidad (peloteros), caramba, es que somos una industria de jugadores de excelencia en béisbol.
Necesitamos volver a las ligas dominicanas y a los torneos municipales, provinciales y regionales de pelota, para vincularlos con la escuela, como una vía para rescatar el béisbol amateur autentico.
En la república dominicana se necesita que el Estado invierta en estructuras recreativas de calidad para el béisbol profesional y amateur, colocando para este último a la escuela en combinación con una verdadera vinculación popular, a través de las ligas criollas de pelota, las que deben volver a tomar el liderazgo de la industria beisbolera del país.
El Instituto Nacional de Educación Física (INEFI), debe volver a su papel original, porque en el país no existe el deporte recreativo. Es por lo expuesto anteriormente, que necesitamos que el béisbol vuelva a ser una actividad amateur recreativa, organizada y participativa, con el accionar de las referidas ligas de practicantes del deporte.
En las escuelas públicas se construyen unas defectuosas canchas de baloncesto y en los colegios privados se fomenta el Fútbol. En las escuelas públicas no existen torneos de calidad entre ellas y en los colegios el Fútbol se trabaja como una acción de elite (que desvincula la articulación intercolegial), en vez de vincularla.
Hace mucho tiempo que el Estado transita un proceso de desvinculación con las actividades que le unen al conglomerado social que le sostiene y financia. Es una realidad dolorosa, para muestra bastan dos simples ejemplos, hoy la educación superior es 50% privada y la salud camina hacia un alarmante porcentaje de privatización.
Es un verdadero proceso de separación, que le desconecta con los niveles emocionales de la población, rompiendo lazos afectivos, marcando distancia simbólica con respecto a la relación que debe tener con la población en sentido general. Esta desvinculación emocional se está convirtiendo en una muralla que separa los intereses del Estado con los de la población en sentido global, y eso debe llamarnos a reflexión, porque el Estado (cada día más), necesita de un conglomerado social que le defienda.
Por Francisco Cruz Pascual

Quiosco Periódico Digital