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¿Qué harán los hijos de la generación perdida?           

¿Qué harán los hijos de la generación perdida?           

Observo el desenvolvimiento de los jóvenes descendientes de la primera generación de dirigentes peledeístas, parte de los cuales son hoy fupusistas, y me pregunto, desapasionadamente, si podrán sobreponerse al pasado fallido y deshonroso de sus antepasados.

Como se evidencia hoy en los tribunales, “donde están y estarán”, decía Vincho, parte de esos altos dirigentes y sus allegados deberán ir cayendo conforme la Justicia desmadeje los expedientes de los tantos ilícitos penales en que incurrieron.

En un país organizado y en el que la vida pública se rija por códigos éticos, esos dirigentes deberían ser estigmatizados, no gozar de reconocimiento público, ser proscritos, muertos civiles.

Paro en el régimen de impunidad y complicidades en que vivimos, propio de la herencia cultural trujillista, a esas figuras les dan gran preponderancia mediática, los tratan como honorables caballeros y se los mete al pueblo por los ojos como si fuera gente de conducta ejemplar.  

Algunos descendientes de esa generación perdida son chicos bien, profesionales o intelectuales simpáticos, algunos de ellos obviamente capacitados, que dominan los códigos lexicales de la buena política.

Pero emergen preguntas: ¿Cómo se definirán ellos frente al proceso de fortalecimiento de cambio institucional que emprende en este momento el país, iniciando con el respeto a la separación e independencia de los poderes del estado, en especial del Poder Judicial?

¿Se quedarán callados frente al evidente cambio que significa el corte radical de la corrupción en la administración gubernamental?

¿Guardarán silencio frente a los procesos judiciales contra la corrupción, que toca ya tanto a dirigentes danilistas como leonelistas, cuya camada dirigencial y sus bocinas califican de persecución política, lo que resulta insostenible por la devolución de dinero robado, la admisión de culpas y las delaciones de unos contra otros imputados?

¿Tirarán por la borda, acaso, las enseñanzas académicas sobre economía política o ciencias políticas que hace poco recibieron o impartieron, postulando que las instituciones del estado son pilares del desarrollo económico y social en democracia?  

¿Cuestionarán como si fueran nuevas las falencias estructurales que acusa el país, cual si fueran responsabilidad de un gobierno que aún no acaba de cumplir 3 años, y que no materializaron ni siquiera iniciaron en 20 años los gobernantes de la generación perdida PLD-FUPU, que fueron sus padres y mayores?  

¿Renunciarán al coraje cívico y al rigor intelectual con que debe administrarse en términos de transparencia, quien aspire a dirigir a otros en un régimen democrático, aún sea tan defectuoso como el nuestro?

¿No demandarán que tras esas dos décadas perdidas en corrupción, impunidad y descalabro institucional que fueron los 5 gobiernos, el PLD y la FUPU sean sometidos a serios procesos autocríticos, que sus cabecillas y cómplices sean expulsados en actos de exorcismo público que los motiven a expiar sus culpas, sus culpas, sus grandísimas culpas?   

¿No tendrán el coraje de reconocer que el inicio de las políticas de buena gobernanza que lidera Luis Abinader debe ser respetado y estimulada su continuidad, como fundamental proceso de transición hacia cambios más de fondo?

Mantengámonos observando a esos hijos de la generación perdida, pues ellos tienen derecho a la oportunidad de no repetir la historia fallida y deshonrosa de sus mayores.

POR NELSON MARTE

Quiosco Periódico Digital