Miramos tantas tragedias que nos asustan. No sólo por las que ocurren a diario, también por los cambios que ellas provocan en los hábitos ciudadanos.
Crímenes y asesinatos que horrorizan al más de los insensibles. Vamos poco a poco acostumbrándonos a matar como práctica cotidiana y como principal vía para solucionar los problemas y conflictos que se nos presentan.
Es difícil desarraigar una cultura del crimen una vez ella se asienta en la psiquis de una sociedad que cada vez se hace menos tolerante.
Muchas cosas que desalientan, sin una política de educación consistente para contrarrestarlas. Una dinámica que debemos sentar en las aulas y los medios y redes sociales en el país como un aula grande.

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