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Los fantasmas de Allende y Pinochet deambulan más que nunca en Chile

El 11 de septiembre llega a Chile días después de un polémico proceso electoral que optó por rechazar de manera abrumadora las propuestas contenidas en una nueva constitución y que es promovida por el gobierno del presidente Gabriel Boric.

Con un aplastante 61,9% a favor del rechazo en contra de un 38.1 por ciento que buscaba un cambio, los chilenos rechazaron una nueva Carta Magna que sepultaría la promovida en 1980 por Augusto Pinochet, la cual aún está vigente y ha sido objeto de muchas críticas debido al origen de cómo el dictador alcanzó el poder en Chile.

Muchas de esas críticas provienen de idealistas de izquierdas que recuerdan un día como hoy el Golpe de Estado de 1973 que terminó con la vida del primer presidente socialista elegido de manera democrática y mediante el voto, Salvador Allende.

Izquierdistas incluso como el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien al conocer los resultados del plebiscito no se contuvo para escribir en su cuenta de Twitter: “Revivió Pinochet”.

Gabriel Boric y Gustavo Petro

Pero esa afirmación no cayó bien para muchas personas que vieron tales declaraciones como una intromisión del presidente colombiano a una decisión que solo incumbe a los chilenos.

Y es que cada  11 de septiembre los fantasmas de Allende y Pinochet son invocados por la mayoría que debate si las acciones militares de aquel día fueron una tragedia para el pueblo chileno o mas bien un mal necesario debido a la amenaza de un régimen comunista que se erguía sobre Chile.

La defensa a Pinochet

Si bien es cierto que las pretensiones de Boric de sepultar la constitución de Pinochet fallaron, lo cual no significa que el pueblo chileno esté a favor de ese legado del dictador sino que tampoco está convencido con las propuestas del actual gobernante; no es menos verdadero que la polarización en las pasadas elecciones presidenciales tuvieron marcadas por las ideologías políticas.

José Antonio Kast, líder opositor del ultraconservadurismo

José Antonio Kast, quien fue su competidor más cercano por la carrera presidencial, llegó a defender el legado de Pinochet durante la contienda electoral.

«Hay una situación que marca una diferencia con lo que ocurre en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Creo que lo de Nicaragua refleja plenamente lo que en Chile no ocurrió (con Pinochet): se hicieron elecciones democráticas y no se encerró a los opositores políticos. Eso marca la diferencia fundamental».

José Antonio Kast, a finales de 2021.

El ultraconservador dijo en ese momento que la Constitución que en 1980 se promulgó durante el régimen de Pinochet, y que rige en la actualidad, «contenía toda la transición a la democracia» y que todas las instituciones que emanaron de esa Carta Magna, desde el Parlamento a las Fuerzas Armadas pasando por el Poder Judicial, siguen vigentes hoy día.

«Por lo tanto, no hay punto de comparación con lo que ocurre en las dictaduras de Cuba, donde llevan más de 70 años de dictadura, ni con la narcodictadura de Venezuela y ni con la dictadura de (Daniel) Ortega en Nicaragua».

«¿Dígame si las dictaduras entregan el poder a la democracia y si hacen una transición a la democracia y se respeta? Eso es lo que no hacen otros países y en Chile se hizo», aseveró.

El homenaje de Boric a Salvador Allende

Luego de que Kast fuera vencido en las elecciones presidenciales y que Boric se juramentara como presidente de Chile, lo primero que hizo el actual mandatario fue romper el protocolo durante la toma de posesión cuando se detuvo por unos momentos frente a la estatua del expresidente Salvador Allende, ubicada en el recinto del Palacio de la Moneda.

Gabriel Boric frente a Allende

Durante su discurso presidencial no podía faltar la mención de Allende y la arremetida a las acciones militares de aquel 11 de septiembre de 1973.

“Estas paredes han sido testigos del horror de un pasado de violencia y opresión que no hemos olvidado y no olvidaremos. Por donde hablamos hoy, ayer entraban cohetes y eso nunca más se puede volver a repetir en nuestra historia”

Gabriel Boric Font.

Además, dijo: “Como pronosticara hace casi 50 años Salvador Allende, estamos de nuevo, compatriotas, abriendo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, el hombre y la mujer libre, para construir una sociedad mejor”.

Las últimas palabras de Allende

Aquel martes había tensión en Santiago de Chile. La polarización del país estaba en su punto más álgido luego de que el 29 de junio de 1973, casi tres meses antes de que se concretara el Golpe de Estado, se realizara una intentona para deponer a Allende. Ese episodio sería llamado «El Tanquetazo».

El país estaba dividido en dos facciones. Unos a favor de Allende y otros en contra del comunismo; era la época de la Guerra Fría. Para entonces el secretario de Estado de Estados Unidos era Henry Kissinger, el cerebro de lo que se denominaría «Operación Cóndor», el plan de exterminio de todos los izquierdistas en América del Sur.

Ya estaban establecidos Hugo Bánzer, en Bolivia; las juntas militares brasileñas y uruguayas, Alfredo Stroessner, en Paraguay, entre otros generales afines a los intereses norteamericanos. Pero Chile se había convertido en la manzana de la discordia para el gobierno estadounidense al no poder evitar el ascenso de Allende mediante las urnas.

Era cuestión de tiempo para que ocurriera lo inevitable.

Los primeros pasos fueron dados por la Fuerza Aérea de Chile, al mando del general Gustavo Leigh, quienes comenzaron a bombardear el Palacio de la Moneda de manera simultánea a las ráfagas de fusiles que provenían de la infantería y los carabineros que estaban en los alrededores.

La última foto con vida de Salvador Allende, en compañía de los militares fieles a su Gobierno durante el bombardeo al Palacio de la Moneda.

El operativo se estaba llevando a cabo con la coordinación del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general Pinochet; el titular de la Armada, almirante José Toribio Merino y el jefe de los carabineros, general César Mendoza.

El presidente estaba refugiado junto a puñado de militares leales y empleados de su gobierno que estaban dispuestos a defenderlo, a pesar de tener conocimiento de la desventaja númerica.

Consciente de la situación, Allende solo pudo decir unas últimas palabras mediante un espacio radial que todavía no había sido bloqueado por los golpistas.

«Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron… soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino que se ha autodesignado, más el señor Mendoza, general rastrero… que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al gobierno, también se ha nominado director general de Carabineros».

Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.

Salvador Allende, presidente de Chile (11 de septiembre de 1973).

Luego de que los militares finalmente tomaran el Palacio de la Moneda, el cuerpo de Allende estaba tendido en uno de los muebles del lugar con un disparo en la barbilla que supuestamente él mismo se propinó con un fusil AK-47 que le regalara Fidel Castro.

El dictador Augusto Pinochet

Muchos seguidores de Allende afirman que murió luchando contra los golpistas y que lo del suicido fue un invento de los militares. No obstante, actualmente la versión oficial e histórica de aquellos acontecimientos sigue siendo que él se suicidó.

A partir de ahí se estableció una Junta Militar encabezada por Pinochet que gobernó hasta 1990.

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