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El barco navega firme

Todos absolutamente todos tenemos apetencias personales, es natural, más aún cuando asumimos la política como pasión y profesión.

Ahora bien, el ejercicio político, salvo muy raras excepciones, se impulsa siempre desde organizaciones, y esas organizaciones agrupan miles de personas con las mismas apetencias, generando entonces miles de aspirantes a posiciones de las cuales no hay miles disponibles.

Así de simple.

He leído algunos meritorios compañeros del Partido Revolucionario Moderno disgustados con la reciente composición de la Dirección Ejecutiva, créanme que los comprendo, pero comprendo más aun la titánica labor de decidir quien entra y quien no, quien permanece y quien debe partir.

Nunca será posible complacer a todo el mundo, y si bien se puede o no se puede estar de acuerdo, hay un principio que debe gobernar la forma en que reaccionamos, se llama disciplina.

La forma de colaborar con el éxito de una organización es confiar en quienes la dirigen, pues estos además de tener el mandato estatutario para hacerlo, se entiende que tienen una visión general de lo que se necesita para conducir exitosamente el partido.

De forma llana me refiero a dos casos específicos: alguien alega que “Ito Bisonó es reformista!” y yo pienso, ¡sí! viene de ese partido y posee un fuerte liderazgo en él, lo que nos ayudaría como alianza estratégica.

Otro diría, “Robertico Salcedo entra por arriba, ¡y yo guayando la yuca durante años!”. Sí, pero Robertico además de tener una buena articulación de ideas, se vende solo, pues es una figura conocida. En caso de que se decidiera candidatearlo, ya el 50% del trabajo lo realizó él.

Y ojo, lo anterior son apreciaciones personales de quien les escribe, no hay que estar de acuerdo, pero si es de justicia admitir que son verdades.

En lo que hay que concentrarse en un momento como el actual, donde el presidente de la república posee una alta aceptación y está comprometido con hacer un buen gobierno, y proyectarnos hacia el 2028, es en echar de lado las apetencias personales y no caer en las viejas prácticas del partido que nos fue secuestrado.

El barco navega firme con esta tripulación, fue con ella que conquistamos el océano electoral.


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