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Un día de campaña aísla a Bolsonaro en su ataque a las urnas electrónicas

EL NUEVO DIARIO, BRASILIA.- Apenas un día de campaña electoral en Brasil ha bastado para dejar al presidente Jair Bolsonaro totalmente aislado en la porfiada campaña de descrédito del voto electrónico en la que se embarcó desde hace meses con sus grupos de ultraderecha.

La dura embestida de Bolsonaro contra las urnas electrónicas que Brasil adoptó en 1996 se remonta al año pasado, cuando los sondeos de cara a las elecciones de octubre próximo empezaron a mostrar como claro favorito al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, su mayor antagonista político.

Pero esa arremetida pareció naufragar definitivamente tras una ceremonia de alto simbolismo político celebrada la noche de este martes en el Tribunal Superior Electoral (TSE), que coincidió además con el inicio de la campaña electoral.

En el acto, el juez Alexandre de Moraes asumió la presidencia de ese organismo con una ferviente defensa del sistema electrónico de votación que Bolsonaro considera fraudulento, pese a que nunca ha habido una sola denuncia de trampas desde que fue adoptado.

“Somos una de las mayores democracias del mundo en términos de voto popular, estamos entre las cuatro mayores democracias del mundo, pero somos la única democracia del mundo que divulga los resultados electorales el mismo día con agilidad, seguridad, competencia y transparencia”, declaró Moraes.

La frase fue seguida por un minuto de aplausos de las autoridades presentes, que incluían a los jefes del Parlamento, los miembros de la Corte Suprema, 22 gobernadores, medio centenar de embajadores extranjeros y cuatro expresidentes: Lula, Michel Temer, Dilma Rousseff y José Sarney.

Aplaudieron casi todos, la mayoría de pie, menos Bolsonaro, uno de sus hijos, su esposa, Michelle, y algunos de sus ministros, que escucharon esa ovación sentados y con la mirada perdida, según las imágenes divulgadas por el TSE, que hasta mostraron al mandatario claramente molesto y bostezando.

“INCÓMODO” CON LA DEMOCRACIA

Lula, candidato de un amplio frente progresista, ya en plena campaña y con una intención de voto en torno al 45 % frente al 30 % que se le atribuye a Bolsonaro, no dejó pasar en blanco esa escena.

“Bolsonaro estaba muy incómodo porque escuchó tantas veces la palabra democracia, tantas críticas al autoritarismo, tantas críticas a las ‘fake news’, que estaba muy incómodo”, declaró este miércoles en una entrevista con una radio local.

Muchos de los embajadores que se sumaron a esos aplausos habían estado el pasado 18 de julio en una reunión convocada por Bolsonaro en su residencia oficial con el único objetivo de “informarles” sobre la supuesta falta de transparencia de las urnas electrónicas.

“La ceremonia en el TSE mostró que las instituciones brasileñas son fuertes y confían en el sistema de votación”, dijo a Efe este martes uno de esos diplomáticos.

Esa misma opinión se multiplicó en casi todo el espectro político del país y fue expresada por relevantes figuras, como el presidente del Senado, Rodrigo Pacheco, quien reafirmó su “plena confianza” en la Justicia electoral y exigió “respeto” a los candidatos.

SILENCIO EN EL BOLSONARISMO

En el bolsonarismo, por el contrario, hubo un completo silencio, pese a que los ataques al sistema electrónico de votación han sido una de sus principales banderas durante el último año.

Esa constante campaña hasta generó denuncias e investigaciones que tramitan en los tribunales contra el propio Bolsonaro y muchos activistas de ultraderecha, acusados formalmente de “ataques a la democracia y sus instituciones”.

Uno de esas investigaciones, en curso en la Corte Suprema, está en manos precisamente de Alexandre de Moraes, quien presidirá el TSE durante el proceso electoral y que ya fue tildado de “canalla” por Bolsonaro.

Este mismo miércoles, la defensa de Bolsonaro pidió archivar una de esas causas, centrada justamente en los ataques a las urnas y en una declaración en la que hasta llegó a amenazar con “desconocer” los resultados de las elecciones si no se votara con papeletas.

Según los abogados del mandatario, aunque sus críticas son “duras y enfáticas”, no pasan de exponer “algunas fragilidades que, según piensa, existen en el sistema electrónico”, por lo que su campaña se enmarca en el “derecho a la libertad de expresión y opinión”.