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La crisis climática y el Caribe

La transición del modelo de acumulación de capital, en los años ochenta del siglo pasado, hacia el modelo neoliberal fue consecuencia de la necesidad del capital de franquear todas las barreras naturales y culturales para organizar la producción a una escala transnacional, ante el agotamiento del modelo keynesiano y los espacios de reproducción ampliada alcanzados en la reconstrucción de Europa tras ambas guerras mundiales. El afán desmedido e irracional viene ante las exigencias competitivas de los actores capitalistas ante la crisis en las que se ahoga el modelo económico, las consecuencias de la crisis climática y la escasez de productos naturales indispensables.

Esta necesidad, por ahora, se solventa en nuestra región caribeña y en general en América Latina en la ocupación de todo entorno natural para su explotación por parte del capital trasnacional que, como sostiene Rosabel Sotolongo, atomiza ante el fantasma de la perenne crisis, sus externalidades y sus contradicciones fuera de sus países de origen. En realidad la región del Caribe, a pesar de compartir responsabilidad en la emisión de gases de efecto invernaderos, por la alarmante inacción de sus instituciones, gobiernos y atávicas elites económicas, hay que entenderla de manera diferenciada en el sentido que los indicadores de contaminación atmosféricas de los países, eufemísticamente llamados en vía de desarrollo, son en su mayoría responsabilidad del capital trasnacional, que al tiempo extrae las ganancias para invertirla en otros “paraísos naturales” y repetir el ciclo de acumulación de capital. De esta manera, se evidencia que el control de los bienes naturales esta en manos de grandes corporaciones que están por encima de los Estados Nacionales y que la perdida de este dominio se traduce en el desconocimiento de cualquier política ambiental, la minimización de acciones de mitigación o incluso la inmoral irresponsabilidad fiscal.

El gran escenario macro político contemporáneo se expresa en su complejidad y complicidad con la destrucción de las formas fundamentales de vida por el capital y sus grandes gurús. Como ejemplo podemos analizar lo que suponen los Tratados de Libre Comercio que incorporan temas laborales, económicos, institucionales, medio ambientales…etc., que, con la supuesta intención de estimular la inversión privada para potenciar la industria, exigen la entrega y privatización de la producción de bienes y servicios esenciales, así como mercantilizar los elementos integrantes del proceso de creación de la mercancía y la gestión de recursos tan esenciales para la vida como el agua.

La crisis climática es probablemente el mayor problema ambiental que enfrenta la humanidad y los científicos ya cuestionan hasta la supervivencia de la propia especie humana si no transformamos nuestra conducta, nuestros hábitos y la forma de cuidar la casa que nos acoge. Los estados del caribe insular será de las regiones que más padecerá este impacto, aunque en general toda zona costera se verá afectada por la subida del nivel del mar. La ciencia tiene la certeza que la causa responsable de esta crisis es la actividad humana e incluso a la era que vivimos ya se la denomina el antropoceno. La modificación del clima que estamos experimentando se entiende como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero que cambian la composición de la atmosfera por la forma irracional, avariciosa y egoísta de organizar y gestionar la producción por el capital como sujeto histórico.

Las propuestas ambientalistas actuales son de carácter limitado y mercantilista, pues se promueve el uso de energías renovables para disminuir la emisión de gases, opción que estimula otra especialidad en el mercado que impulsa proyectos extractivistas de materias primas bajo la lógica una vez mas de la acumulación ampliada. Es la nueva alternativa para evitar la crisis del modelo económico neoliberal pero no es una opción para enfrentar la crisis ambiental global. No podemos seguir en un modelo de crecimiento económico infinito en un planeta donde los recursos son finitos, no hace falta ser muy inteligente para entenderlo.

La inacción en el gran Caribe puede tener un alcance devastador, entre ellas las que ya padecemos como frecuentes olas de calor que aumentan la congestión nuestro precario sistema de salud, fuertes periodos de sequía y los cada vez más frecuentes y devastadores incendios. Además, recién empezada la temporada de Huracanes, se vaticina en cálculos que pueda ser de las peores, debido al aumento del volumen del vapor de agua por el calentamiento global. Y esta situación va ser difícil de ser gestionada por las islas de la región sobre todo las más pequeñas.

En primer lugar, es necesario convocar a las instituciones públicas y privadas y a la sociedad civil para elaborar un plan que contemple los múltiples riesgos que enfrentamos por la crisis ambiental. Los economistas concienciados indican que hay que reservar un 2 o 3 del PIB, para con ello impulsar políticas hacia la transición energética y las energías renovables, una mejora en la eficiencia del sector transporte para reducir las emisiones de gases y la sustitución definitiva del carbón. Y son planes que deben trascender a los gobernantes de turno. Del mismo modo hay que tender hacia una economía circular como modelo de producción y consumo que implica compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear un valor añadido. Y esto tiene que ver con el aumento de la demanda de materias primas y la escasez de recursos o la guerra de Rusia y Ucrania no lo pone en evidencia.

La lucha socio ambiental es hoy una alternativa política liderada por las nuevas generaciones no solo en la lucha por la justicia social o en contra de otras formas actuales de opresión, sino también como propuesta emancipadora del hombre y la naturaleza. Y es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros si no queremos que nuestros descendientes nos recuerden como la generación que no hizo nada. Las instituciones educativas, como responsables también de los cambios que acontecen tienen mucha responsabilidad en transformar el cambio de actitud que la sociedad requiere y hacer consciente a la población de la complicada situación que vivimos.


Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World”. This project has received funding from the European Union´s Horizon2020 research and innovation programme under the Marie Sklodowska Curie grant agreement Nº 823846. Dirigido por Consuelo Naranjo Orovio desde el Instituto de Historia-CSIC.

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