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Una precipitación

Un acto de una coalición de partidos minoritarios respaldando la candidatura del expediente Leonel Fernández, como el que pretendió llevar a cabo José Frank Peña Guaba, que de todas maneras lo realizó modificando el enfoque, era sumamente arriesgado y extemporáneo, porque además de que esas organizaciones saben que es un suicidio colocarse de manera tan temprana lejos de cualquier entendido con el Gobierno, no está definido quién competirá con el presidente Luis Abinader en una segunda vuelta, que hasta ahora, luce inevitable.

El propósito de la jugada es claro: adelantarse a la elección de candidatura en el Partido de la Liberación Dominicana, tratando de posicionar al doctor Fernández como la opción opositora de mayor potencialidad, emulando lo que ocurrió en 1996, cuando desde un tercer lugar el PLD trajo al candidato que acabó ganándole a José Francisco Peña Gómez, desplazando de esa posición a Jacinto Peynado, que, como candidato de un partido que en esos momentos era mucho más fuerte que el morado, era quien debió ocupar ese lugar.

En esa coyuntura el partido de tercer lugar contó con una favorabilidad que ahora no luce presente: desde el gobierno, encabezado por el doctor Joaquín Balaguer, y desde la oposición, encabezada por Peña Gómez, se favoreció a lo interno del PLD la candidatura del doctor Fernández, por razones distintas: Balaguer no quería a Peynado, y Peña no veía peligro en el candidato peledeísta, más bien lo sentía como un potencial complemento de su boleta.

Ahora el presidente Abinader, interesado en su propia reelección, debe apostar a evitar una confluencia anticipada entre los liderazgos de Leonel Fernández y Danilo Medina, que el último no puede aspirar, y si no tiene una opción fuerte a la que apostar desde su propio partido, a nadie le cabe duda de que respaldaría a Leonel, lo que para el PRM sería sumamente cuesta arriba.

Los seguidores del presidente Fernández sin alejarse de una posible alianza con el PLD, juegan a debilitarlo, precisamente con la finalidad de que al escoger un candidato no luzca con la potencialidad necesaria para polarizar con el presidente Abinader, de ahí la táctica de hacerlo proyectar en constante sangría de dirigentes que se mudan del morado al verde, pero ahí no está nada que altere las mediciones electorales.

También no hay dudas de que tienen una predilección dentro de los que aspiran a la candidatura peledeísta, creyendo que podría ser el compañero de fórmula de Leonel, no aprendiendo de lo que ocurrió con Peña Gómez, que se quedó con el moño hecho y trabajó para su fracaso.

Lo que determina que PLD compita o no como segunda fuerza electoral, serán los resultados de su proceso interno. Si sale con una candidatura escogida en un ambiente de unidad y de aceptación de los resultados de todos los actores, será una historia, y si eso no resulta convincente será otra muy desfavorable.

Lo positivo hasta ahora es que sus dos principales autoridades, el presidente y el secretario general, se han mantenido neutrales, garantizando que no han asumido compromisos con aspiraciones.

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