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Ni próstota ni semáfaro ni bayonesa

La formación de dominicanismos – ya lo hemos explicado- obedece, al menos, a cinco tendencias, una de las cuales es la deformación o corruptela de otras palabras de nuestro idioma, como es el caso de “ruyir” y “ruyío”, que se corresponden con el verbo roer y su participio roído. Similar ocurre con “pendejá” (pendejada). Este vocablo se emplea para referir una situación desagradable, conflicto, banalidad.

En columnas anteriores hemos venido justificando esas palabras propias del habla dominicana que nos resultan útiles y a veces indispensables, incluso la voz “pajuil” (nombre de ave) la cual solemos emplear en lugar del original: paují. Lo mismo sucede con “guandul” (en lugar de guandú o gandul).

Sin embargo, es preciso evitar los abusos de dicción y de escritura a partir de la deformación de las voces del español. Con frecuencia escuchamos, incluso a personas con estudios superiores, que dicen “próstota”, en vez de próstata; “semáfaro”, en lugar de semáforo, y “bayonesa”, para decir mayonesa.

Próstata (con repetición de la sílaba ta) es el nombre correcto de la glándula que tenemos los hombres y machos de los mamíferos y que segrega el semen.

Semáforo. Esta voz procede del griego sêma ‘señal’ y ?´foro. Todos conocemos el aparato eléctrico de señales luminosas para regular la circulación de automóviles y peatones.

El elemento compositivo/-foro/ significa ‘que lleva’. Parece que algunos hablantes asocian la terminación “foro” con faro, ya que el semáforo presenta luces, como un faro. El vocablo semáforo está relacionado por su morfología a estos otros: liróforo (poeta), aforo (Número máximo de personas que puede admitir un recinto para actos públicos), fósforo (Elemento químico de gran importancia biológica como constituyente de huesos, dientes y tejidos vivos).

mayo

Mayonesa. Se trata de una salsa que se hace a base de aceite y huevo. La palabra (comienza con M) proviene del francés “mayonnaise”. No obstante, algunos usuarios del idioma incurren en el desliz de cambia la M por B, con lo que se exponen a burlas de unos y descalificaciones de otros.

De ningún modo pueden admitirse como dominicanismos las voces antes citadas, pues son claramente desconstrucciones idiomáticas que se traducen en usos viciosos de las palabras. Entran en la misma categoría de distorsiones como decir “uyama” por auyama, “yame” por ñame, “arregoso” o “regoso” por riesgoso y “bouco” por bejuco.

Tampoco pueden tolerarse como dominicanismos las variantes corruptas de la palabra helicóptero, entre las que se cuenta, incluso, “alicote”. Debo admitir que estos usos son propios de la población con menor nivel de escolaridad.
Insisto en que las formas defectuosas de pronunciar las voces próstata, semáforo y mayonesa se cultivan entre graduados universitarios.

Más exclusiva de grupos con buen nivel de instrucción es la tendencia a confundir estos términos parónimos:
1- Doctado (voz que no existe en español) con dotado (Que tiene condiciones para algo). Uso correcto: Está dotado de grandes cualidades para la enseñanza.
2- Rectórica (No existe en español) se confunde con retórica (Arte de bien decir, de dar al lenguaje eficacia para deleitar, persuadir…). Uso correcto: La retórica feminista se torna en ocasiones viperina.
3- Extracto (Resumen o esencia de algo) con estrato (Capa o nivel de una sociedad). Uso correcto: Me gusta el extracto de uva. / Lo hacen personas de todos los estratos sociales.

La persistencia en el uso de una forma incorrecta de emplear el idioma podría prosperar hasta convertirse en uso válido como ha podido pasar, por ejemplo, con el verbo “enjaguar”, sinónimo validado de enjuagar.

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