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El lado bueno: Soltar, soltar y soltar

Muchos lo dicen y pocos lo ponen en práctica, pero lo cierto es que se debe aplicar cada día la frase de que “hay que soltar”. Hay que soltar problemas y ponerlos en turno para preocuparse por ellos uno a uno, pues no se pueden resolver juntos; se deben soltar los malos amigos y aquellos que no lo son pero a veces te sirven de compañía; se deben soltar las ocupaciones que te estresan; y, aunque suene cruel, se deben soltar muchas veces, hasta los hijos.

Celeste vivió hasta los 85 años y nunca “soltó”, siempre estaba llena de sus preocupaciones y de las ajenas, porque su corazón noble la hacía extremadamente solidaria. Si alguien le contaba un problema, la angustia por esa persona nunca la abandonaba y solía llamarla varias veces al día para saber si ya se había resuelto; tenía el inmenso deseo de resolverle los conflictos a todo el mundo y eso la llevaba a intervenir mucho en cosas que no le correspondían.

Nunca logró “soltar” a sus hijos, siempre los vio niños, siempre quiso controlarlos, siempre quiso saber dónde estaban y a qué horas llegaban, aún cuando ellos se habían casado y ya no vivían en la propia casa.

Se le quitaba el sueño cuando su hijo mayor le contaba que su hija había salido de fiesta, y cuando quizás él estaba dormido, ella estaba en su cuarto despierta y preguntándose si su nieta había llegado bien.

Necesitaba saber dónde estaban sus 3 hijos, a toda hora del día, para estar tranquila y como son adultos y le resultaba imposible, se enfermaba de angustia. Entonces por su cabeza pasaban escenas horrendas de cosas que podían pasarle a sus hijos, por no estar en su casa a tiempo.

Igual que Celeste, era el viejo Camilo, quien cuando supo que su hija y su yerno tenían problemas, un buen día decidió pasar unos meses con ellos para ayudarlos a reconciliarse, aún a sabiendas de que esto podía empeorar la situación. Aunque parece una broma, Camilo cuenta que su mayor sufrimiento era ver a su hija mayor salir de la casa con un bulto, que al parecer tenía ropas. Sin atreverse a preguntarle porque ya es una adulta, durante meses sufrió pensando cuál sería el motivo y el contenido del pequeño bulto, pues como estaba divorciada, por su mente cruzaba la idea de que andaba con su ex marido. Es así, no “soltó” y pocos años después murió y por ley lo tuvo que hacer. No es bueno esperar.

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