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Don de la fe

Cuando estoy débil entonces es que soy fuerte, porque empiezo a obrar, no con mis fuerzas, sino con algo que habita dentro de mí que se llama el don de la Fe». – Apostol Pablo- La fe es ese don de Dios que habita en cada uno de nosotros y que debemos ejercitar y nutrir a través de la oración.

Uno de los grandes personajes de la fe y que más admiro es al padre Emiliano Tardif, misionero del Sagrado Corazón, quien nos legara La casa de la Anunciación y la Comunidad Siervos de Cristo Vivo, reconocido en toda América por sus prédicas, fue uno de los principales impulsores dentro de la Iglesia Católica de la Renovación Carismática.

Inspirado en el Amor de Dios y en su propia experiencia de sanación, escribió esta oración que ha realizado milagros y prodigios en todo el mundo lo que demuestra el poder de la oración y el don de la fe. «Padre de bondad: te bendigo y te alabo y te doy gracias; porque por tu amor nos diste a tu hijo Jesús.

Gracias, Padre, porque a la luz del Espíritu comprendemos que Él es la luz, la verdad y el Buen Pastor que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Hoy, Padre, me quiero presentar delante de ti, como tu hijo. Tú me conoces por mi nombre; pon tus ojos de Padre amoroso en mi vida.

Tu conoces mi corazón y conoces las heridas de mi historia. Tu conoces todo lo que he querido hacer y no he hecho. Conoces también lo que hice o me hicieron lastimándome. Tu conoces mis limitaciones, mis errores y mis pecados. Conoces los traumas y complejos de mi vida. Hoy, Padre, te pido que por el amor que le tienes a tu hijo Jesucristo, derrames tu santo Espíritu sobre mí, para que el calor de tu amor sanador penetre en lo más íntimo de mi corazón.

Tú que sanas los corazones destrozados y vendas las heridas sáname aquí y ahora de mi alma mi mente, mi memoria y todo mi interior. Entra en mí, Señor Jesús, como entraste en aquella casa donde estaban tus discípulos llenos de miedo. Tu que apareciste en medio de ellos y les dijiste: “paz a vosotros”, entra en mi corazón y dame tu paz. ¡Lléname de tu amor!.

Sabemos que el amor echa fuera el temor. Pasa por mi vida y sana mi corazón. Sabemos, Señor Jesús, que tu lo haces siempre que te lo pedimos y te lo estoy pidiendo con María, mi madre, la que estaba en las bodas de Caná cuando no había vino y tu respondiste a su deseo transformando el agua en vino.

Cambia mi corazón y dame un corazón generoso, un corazón afable, un corazón bondadoso, dame un corazón nuevo. Has brotar en mí los frutos de tu presencia.

Dame el fruto de tu Espíritu que es amor, paz, alegría. Haz que venga sobre mi el Espíritu de las bienaventuranzas, para que pueda saborear y buscar a Dios cada día, viviendo sin complejos ni traumas junto a los demás, junto a mi familia, junto a mis hermanos.

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