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Justicia independiente

“Se acabó la diversión. Llegó el comandante y mandó a parar”. Carlos Puebla.

Es lamentable que Luis Abinader no bajara de “las escarpadas montañas de Quisqueya” como bajó Fidel Castro de la Sierra Maestra de Cuba aboliendo del plumazo de la revolución el viejo orden económico, político y social que convirtió el país, bajo la dictadura de Fulgencio Batista en un inmenso casino de juego controlado por los grupos mafiosos estadounidenses.

Abinader llegó al gobierno -no al poder- a través de unas elecciones tormentosas atado de pies y manos sin poder hacer los cambios que prometió porque el Partido de la Liberación Dominicana lo dejó todo amarrado con el propósito de que nada cambiara. Y en efecto, el PLD dejó un sistema de justicia corrompido, enajenado y envilecido para que fuera garante de la impunidad.

El sistema de justicia sigue anclado en el pasado vergonzoso que impide que los políticos que saquearon al país durante 20 años sean procesados y condenados. No hay un solo político ladrón en la cárcel porque según acaba de decir una jueza “independiente”, los tribunales no están para dictar sentencias salomónicas “para apaciguar la furia de la opinión pública ni del poder político” en referencia a la sentencia que declara “no culpables” a los imputados en el caso “Súper Tucano” que llevaba diez años dando vueltas en la justicia “independiente”.

Ella tiene razón la “justicia independiente” no está para “apaciguar la furia de la opinión pública ni del poder político”, ni siquiera para “apaciguar la furia” del pueblo, cada vez más impotente, cada vez más furioso; la “justicia independiente” está para garantizar la impunidad de los acusados, a los que jueces y fiscales, salvo muy honrosas excepciones, les deben las posiciones privilegiadas que ostentan en la administración de justicia, incluyendo la inamovilidad.

“El tribunal concluye que no ha quedado comprometida la responsabilidad penal de los imputados en los hechos que le han sido presentados y vale destacar que los tribunales no están llamados a dictar sentencias salomónicas para apaciguar la furia de la opinión pública ni del poder político”.

Las cárceles están saturadas de presos, todos pobres, hacinados en cárceles inmundas, como animales, la mayoría de manera preventiva. No hay políticos ladrones en la cárcel condenados irrevocablemente. Para los delincuentes de la marginalidad y la pobreza que genera la iniquidad social la “justicia independiente” no existe. Se pudren entre las rejas del sistema carcelario.

Si este pueblo no fuera ignorante, cobarde y pendejo, estaría en las calles exigiendo la destitución del tribunal, en especial de la magistrada que habló en esos términos. Si este pueblo no fuera ignorante, pendejo y cobarde, estaría en la Plaza de la Bandera.

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